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domingo, 8 de junio de 2008

El Arbol de la Vida


Representa un mándala, un símbolo en el que se resume las posibilidades expresivas indefinidas del micro-macrocosmos. Su justa interpretación desvela el significado de los nombres y de las formas. El símbolo no se identifica con el principio que expresa; por consiguiente, para comprender el principio, se necesita hacer uso de la intuición. El árbol de la vida, OTZ CHIIM, es un jeroglífico, un símbolo compuesto y representa al cosmos íntegramente y al alma del hombre en su realización con aquél.

El árbol es una vía de realización. Meditándolo y contemplándolo se puede realizar el mundo de los Principios, su expresión vital, la vía del descenso (solidificación) y la del ascenso (solución), de exteriorización e interiorización.

El árbol de la vida es una analogía del Absoluto, el Universo y el Hombre.
Sus raíces penetran hasta lo mas profundo de la tierra y sus ramas superiores tocan lo mas alta de los cielos. El hombre es el punto de encuentro entre el cielo y la tierra, es una imagen del creador.

El árbol es una imagen de la creación. Es un diagrama de los principios que operan en todos los niveles del universo. El universo oscila entre dos polos, el Todo y la Nada, punto de entrada y salida del Absoluto que se mantiene separado de la creación, pero el Ser penetra la matriz del universo sosteniéndolo como el silencio detrás del sonido. Sin esta realidad negativa nada podría existir, así como no hay sombras sin luz.

A través del árbol de la vida mantenemos una conexión objetiva que nos permite interiorizar y conocer por medio del principio del paralelismo los universos superiores e inferiores, interno y externo.
Ana Mª Jiménez

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