jueves, 4 de junio de 2009

FEMINISMO Y AUTORREALIZACIÓN (Ultima parte)



UNION MISTICA



FEMINISMO Y AUTOREALIZACIÓN
Un mensaje urgente a la humanidad

José Antonio Delgado González
Ldo. Ciencias Ambientales




Mis investigaciones en torno al origen del cristianismo me han conducido a la siguiente conclusión: el dominio del patriarcado comenzó aproximadamente en la época helenística, antes de que el cristianismo se convirtiera en religión oficial. Antiguamente, se adoraba a una Diosa, quien tenía por consorte a un dios masculino, que era su hijo-amante, que moría y renacía anualmente. Y, antes incluso, en la antigua Babilonia, en el XIII a. de. C., se tiene constancia de que se adoró a la Diosa Luna, hasta el punto de que se creía que era ella la responsable de que la mujer se quedara en cinta, y no el hombre. El rayo de luna que fertilizaba a la mujer, en aquel remoto pasado, se transformó en el rayo de Zeus y, con la expansión del cristianismo, pasó a ser Gabriel, el “esposo divino”. El desarrollo desde el “matriarcado” original -en el que se adoraba a la Magna Mater, que recibió el nombre de Ishtar en Babilonia, antes del tercer mileno a. de. C.- al patriarcado actual obedece o, más bien, se correlaciona con una serie de transformaciones en la consciencia colectiva. El Ego colectivo se ha ido forjando con el curso de los siglos y la consciencia se ha ampliado horizontalmente, desligándose del abrazo de la Gran Madre, tras ser expulsada del Paraíso original de inconsciencia e ignorancia. Hemos dejado de proyectar en el mundo exterior los contenidos inconscientes, lo que nos ha permitido conocer el funcionamiento de la Naturaleza y, por ende, también controlarla y utilizarla para nuestro beneficio. En términos alquímicos, podríamos decir que, con la expansión del patriarcado, se ha realizado la primera parte de la Obra Alquímica, es decir, el solve, una suerte de disolución, disgregación, separación, concienciación, diferenciación. Ahora, resta la segunda parte del proceso alquímico, el coagula, la unión de los elementos contrarios, tras tomar consciencia de que se trata de opuestos sólo aparentes, de que más allá de la diferencia está la paradoja de su identidad esencial. Lo Masculino y lo Femenino son, por definición, principios contrapuestos. Mas, como nos enseña la sabiduría oriental, el hermetismo, la alquimia y, últimamente, la psicología y la física, ambos integran las dos partes de una misma unidad andrógina. Así, la Naturaleza, la Materia, la Diosa Madre, en verdad, es la encarnación de la divinidad, el espejo lunar en el que se refleja el Espíritu Invisible; como indica Shinoda Bolen “Emprendí una peregrinación, que fue a la vez un viaje exterior e interior, y reflexioné sobre la diferencia entre la divinidad que reconocen las religiones patriarcales, y la espiritualidad encarnada y manifiesta, representada por la Diosa” y, continúa, “Ambos son aspectos del Yo, al que se ha dado el nombre de Dios, Diosa, Tao, Poder Supremo, el Gran Misterio…” La analista jungiana Sukie Colegrave, en el libro Ser Mujer, expresa esta misma idea cuando afirma lo siguiente:

“La benevolencia del gobierno de la Gran Madre sobre la conciencia humana continúa mientras es útil para las necesidades de desarrollo del individuo o del grupo. Pero cuando un alma está preparada para experimentar su libertad e individualidad, su capacidad para darse cuenta y para comprender, y su potencial de relación y de amor humano, el poderoso abrazo de la totalidad inconsciente de la Gran Madre deja de sentirse como un útero cálido y seguro y empieza a ser sentido desde la perspectiva de la naciente consciencia del “yo”, como devorador, claustrofóbico y amenazante. En estos momentos, las imágenes de su generosidad son eclipsadas en los sueños y en la mitología –que son los espejos colectivos e individuales del desarrollo psicológico- por imágenes de su naturaleza demoníaca (…) las fauces del abismo que todo lo devoran. Para diferenciarse del gobierno de la Gran Madre y para derrocarla, la lucha de la nueva conciencia emergente adopta formas muy diversas, pero todas comparten una característica esencial. Todas ellas reflejan la energía masculina (el ego es siempre dominio del Sol, o sea, de la consciencia), ya sea individual o colectivamente, esforzándose por separarse de su abrazo inconsciente de la Gran Madre, para poder reclamar y afirmar su autoridad y poder independientes. Este nacimiento a la conciencia del arquetipo Masculino y su posterior victoria sobre el arquetipo de la Gran Madre (lo Inconsciente) inauguran la Era del patriarcado psicológico, en el terreno histórico y en el plano individual. Hoy día, cuando muere a su pesar y con resistencias el reino ya caducado del Gran Padre en nuestra psicología y cultura colectivas (especialmente, en las sociedades más avanzadas, puesto que aún hay culturas en las que predomina el Gran Padre, que son aquellas cuya evolución está un tanto retrasada) es fácil olvidar que, como la Era de la Gran Madre, la época patriarcal ha cumplido su objetivo esencial y creativo en la evolución humana. Su orientación psicológica fue una condición previa –y continúa siéndolo en ciertos momentos de la transición de la infancia al estado adulto, tanto en hombres, cuanto en mujeres- (y, por supuesto, también en las sociedades
) para el nacimiento de la feminidad consciente y el desarrollo de la totalidad humana. (…) Sin su energía arquetípica, quizás seríamos incapaces de escuchar y de seguir los hilos que dan vida a los mundos de los opuestos y los conectan entre sí; mundos que el poder discriminador masculino ayudó a desvelar y, en parte, a crear.”

Dice Jean Shinoda Bolen: “Es posible ser una persona completa cuando las cualidades humanas, generalmente consideradas en la actualidad masculinas y femeninas, se ven como parte del espectro de todo ser humano”. Esta afirmación entraña algo que resulta fundamental: sólo el ser humano que se halle en el camino de la autorrealización o individuación puede modificar el destino al que se ve abocada la humanidad. La masa de personas mutiladas por los efectos de la cultura moderna no hace sino extender el veneno que la carcome, con independencia del sexo al que pertenezca. Como terapeuta de orientación jungiana, sé de sobra que la mujer (no individuada), contaminada por el veneno que infecta a occidente, tiende a defender con mayor vehemencia, si cabe, los principios del patriarcado, dadas su connatural inercia e inmovilismo. Un claro ejemplo de ello lo constituyen las sociedades más patriarcales, muchas de ellas gobernadas por dictaduras y/o enzarzadas en guerras fratricidas. Pese a que son las mujeres, como colectivo, las más perjudicadas por estos regímenes totalitarios, paradójicamente, son ellas las que defienden con mayor ferocidad la permanencia de sus despóticos líderes, por quienes se sienten atraídas –sin duda, ellos son los depositarios de la proyección del animus. Esta es una conclusión a la que cualquier persona reflexiva puede llegar si observa lo que sucede en el colectivo adolescente: los jóvenes líderes del grupo, los más machistas y autoritarios, son los más perseguidos por las adolescentes. Y es que esas sociedades aún se hallan en la adolescencia psicológica. Como dice Sukie Colegrave “las mujeres han tendido a concebir y gestar el nacimiento de lo Femenino consciente a partir del abrazo de la Gran Madre. No las mujeres que, enfadadas por la opresión de su género bajo el patriarcado, han intentado convertirse en patriarcas dentro de cuerpos femeninos, ni las que han intentado dar la espalda al camino psicológico por la nostalgia del dominio sexualmente indiferenciado de la Gran Madre, sino aquellas que, codo con codo, y honrando lo Masculino dentro de los hombres y de las mujeres, han empezado a escuchar y a dar la bienvenida a la conciencia a las semillas que germinan de lo Femenino.” Evidentemente, una buena parte de la población, tanto femenina, como masculina, aún no está preparada para experimentar la libertad, la independencia y la individualidad asociadas a la autorrealización o individuación. Gracias a Dios, esta tendencia está cambiando. Así pues, el activismo feminista debe comenzar con uno/a mismo/a, pues uno/a mismo/a es la materia prima que hay que tallar a fin de que se transforme en el diamante que en potencia se es. El campo de batalla en el que, hombres y mujeres, han de bregar es su propio interior, su psique. Quienes consagramos nuestra vida al cultivo del alma humana formamos parte de un Círculo, invisible, aunque efectivo. Un Círculo que permanece en contacto directo a través de los movimientos de plegamiento y despliegue que se producen en lo Inconsciente Colectivo u Orden Implicado, y cuyo objetivo último es la salvación de la humanidad, y, por consiguiente, de la Tierra y de las distintas criaturas que en ella habitan, de un destino al que se ve abocada si se obstina en seguir ciega ante la destructividad inherente a la raza humana. Destructividad que corre pareja a su creatividad, de modo parecido a la potencialidad humana de experimentar éxtasis místicos y orgasmos sexuales en idéntica medida. Precisamente, ese contacto íntimo con lo Inconsciente Colectivo es el motivo por el cual llegamos a las mismas conclusiones, expresamos las mismas ideas y luchamos por conseguir los mismos objetivos, pese a estar alejados en el espacio y, también, en el tiempo. Y todo ello, por supuesto, de un modo independiente. Querido lector/a: ¡Te exhorto a que, a través de tu renovación y de acuerdo con tu propio Destino-Personalidad, formes parte de dicho Círculo y ejerzas una influencia beneficiosa en tu pequeño círculo de relaciones y actividades!



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