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domingo, 17 de mayo de 2009

FEMINISMO Y AUTOREALIZACIÓN (2ª parte)

Para que sigáis disfrutando del trabajo que esta realizando mi gran amigo José Antonio Delgado os adjunto la continuación del texto de Feminismo y autorrealización. Incorporo también como presentación imágenes relacionadas entre si y con el texto.

Y recordaros que podéis colaborar para que el último libro de José Antonio Delgado pueda ver finalmente la luz.

Os adjunto el enlace de la editorial SENECA, para que visitéis su web y veáis cual es su política.
http://www.editorialseneca.es/Fondo%20Editorial.htm

y en el siguiente enlace podéis ver mas obras de José Antonio Delgado
http://www.sanesociety.org/users/index.php?usr=6211




MATRIMONIO SAGRADO

ISIS OSIRIS




SHIVA-SHAKTI







Fecha de creación 23/01/2009 12:50:00


FEMINISMO Y AUTOREALIZACIÓN
Un mensaje urgente a la humanidad

José Antonio Delgado González
Ldo. Ciencias Ambientales

(...continuacion de la primera parte)

En su ensayo, Shinoda Bolen aboga por la creación de círculos de mujeres que fomenten la cooperación y la colaboración entre sus miembros, para abordar los graves problemas que ha provocado el patriarcado, tratando de encontrar soluciones compasivas. Evidentemente, como psicóloga analítica, ella conoce la importancia que tiene la acción conjunta sobre los arquetipos, puesto que tan sólo el trabajo serio y concienzudo con estos, puede modificar el catastrófico fin hacia el que se ve abocada la humanidad, de perpetuarse la misma pauta patriarcal de dominación, control y deseo de poder. Existe una ley psicológica que establece que cuando uno cambia (como consecuencia de una ampliación de nuestra consciencia), cambia todo a nuestro alrededor y, por lo tanto, también cambia nuestro Destino. De repente, uno comienza a atraer hacia sí ciertas situaciones, acontecimientos, relaciones, personas, etc., que se corresponden sincronísticamente con la transformación que se ha operado en lo Inconsciente Colectivo y la propia percepción del individuo se ve modificada. Esto significa que el individuo empieza a percibir aquello que se encuentra en el campo de acción del nuevo arquetipo, y que, antes, permanecía en la más completa oscuridad, o se percibía sólo parcialmente. Una de las consecuencias derivadas de este principio es que nosotros somos los responsables últimos de todo cuanto nos sucede, que las “desgracias” o las “dichas” que nos acontecen las atraemos nosotros. Y, no sólo eso, sino que, además, podemos cambiar cuanto nos sucede, si cambiamos nuestro proceder (o sea, si elegimos el arquetipo acorde al momento y al objetivo). El límite para cambiar nuestro Destino lo constituye nuestra personalidad y nuestra identidad última (Sí-Mismo u Hombre Primordial). Y ese cambio, si es verdadero y profundo, afecta también al colectivo, puesto que estamos actuando sobre arquetipos, que son los constituyentes de lo Inconsciente Colectivo, una suerte de memoria universal a la que el físico David Bohm denominó orden implicado y Rupert Shaldrake campo morfogenético. En definitiva, desde distintos campos del saber se está empezando a tomar consciencia de que todos estamos interconectados e interrelacionados a través de un ámbito suprapersonal y, por consiguiente, que cuanto hacemos tiene una resonancia mórfica en el Universo. Cuando estas renovaciones son llevadas a cabo por un número suficiente de individuos, se obtiene una masa crítica, a partir de la cual dicha transformación adquiere una dinámica propia que le permite sostenerse y ampliarse de un modo exponencial. Para la gente común, analfabeta en lo concerniente al conocimiento de sí misma, esto resulta perturbador y hasta inverosímil. Pero quizás sea ese desconocimiento el que agrave el hecho de que el ser humano es el mayor peligro para sí mismo y, por supuesto, para el planeta. De ahí la importancia del autoconocimiento, de la Gnosis, para la salvación de la humanidad. De ahí, también, que el Universo mismo nos brinde la oportunidad de cambiar nuestro destino al permitirnos descubrir, justo cuando más lo necesitamos, un antídoto al veneno que carcome las entrañas de la civilización occidental: los evangelios gnósticos. Una señal, sin duda, de la imperiosa necesidad de poner en práctica la antigua máxima délfica “conócete a ti mismo”. El Universo conspira para que se produzca un cambio de consciencia; Dios desea ser conocido por nosotros, puesto que necesita de nosotros para desplegar su Obra Divina. Hasta hace bien poco, se desconocía la existencia de una materia diferente a la ordinaria, de la que están compuestos nuestros cuerpos humanos, las estrellas o los planetas, y, pese a no saber la composición de esa materia oscura, los astrónomos afirman que su abundancia es seis veces mayor que la común u ordinaria. Algo semejante puede decirse de lo Inconsciente Colectivo. Por supuesto, soy consciente de que estoy traspasando las fronteras de lo que la ciencia está en condiciones de explicar, aún. Mas en este ensayo no pretendo ceñirme a los límites de la ciencia, y menos aún a la estrechez del racionalismo científico, sino mandar un mensaje a hombres y mujeres para que se unan y colaboren con el nuevo zeitgeist o espíritu de nuestra época, generando así una onda expansiva que surta un efecto mariposa.

Cuando un varón toma consciencia de su anima, de lo Sagrado Femenino en su interior, cosa que acontece tras retirar las proyecciones que antes habían recaído en la figura de su pareja y del resto de mujeres con las que se ha relacionado, empieza a valorar positivamente lo concerniente a los atributos femeninos propios de su anima, de la Diosa y, por lo tanto, también a la mujer concreta. No es sino cuando se produce esta iniciación al mundo de lo Femenino, cuando se transforma el anima en función de relación con lo Inconsciente Colectivo y con el Sí-Mismo, que el individuo puede, asimismo, relacionarse con el género femenino como igual y opuesto a él, tratando a la mujer como a la hermana mística que es para él. Esta transformación es vital para comprender y combatir los gravísimos problemas que acarrea la perpetuación del patriarcado. Al decir que la civilización occidental está sustentada en el patriarcado me refiero al hecho comprobado de que nuestra civilización se basa en el dominio masculino, en la supremacía del principio masculino, al que la religión oriental denomina Yang. Por consiguiente, nuestra cultura favorece y fomenta el despliegue de aquellas cualidades y aptitudes relacionadas con dicho principio, como, por ejemplo, el intelecto, la razón, la inteligencia, la acción violenta, la competitividad, el dominio y el control de la naturaleza, el poder sobre los subordinados, las estructuras jerarquizadas, etc.; así, aquellas cualidades y aptitudes relacionadas con la Diosa, o principio Yin, como son la intuición, la premonición, el sentimiento, la empatía, el amor, la compasión, la colaboración, la emoción o la ternura, tienden a ser rechazadas y denostadas. De ahí que, en mi poema, la semilla nazca justo del corazón, siendo éste un conocido símbolo de Cristo, como también del Sol interior o del Espíritu Primordial o Hembra Misteriosa, como se lo denomina en el Tao Te King, y no del cerebro, como sostendrían algunos científicos racionalistas. Alude, principalmente, al Amor, una cualidad esencialmente femenina, asociada al sentimiento. Esta descompensación afecta por igual a hombres y a mujeres, si bien, son ellas, las mujeres, quienes más la sufren, puesto que son precisamente los atributos o cualidades que la definen como mujer las que nuestra cultura relega a un plano inferior y maldito. Penosamente, al encontrarnos en el umbral o limen hacia un nuevo eón, hacia una nueva consciencia, las pautas de conducta, las actitudes, los estereotipos, los prejuicios que giran en torno a lo Masculino y a lo Femenino, a las relaciones y al amor, habrán de ser cuestionados y removidos en sus fundamentos más profundos. Esto acarrea consternación, dolor, rupturas matrimoniales, luchas de poder en el seno de las relaciones, violencia doméstica, crisis financieras y económicas (motivadas, fundamentalmente, por la especulación y la usura de las entidades financieras o bancarias y por la explotación de la clase obrera por parte de los que se hallan en el poder), guerras fratricidas, fundamentalismo fanático o, su opuesto, laicismo recalcitrante, agnosticismo y ateísmo, expoliación de los países más pobres por los, así denominados, países desarrollados, etc... Mucho sufrimiento habremos de padecer aún, hasta que la renovación necesaria se extienda al colectivo, cosa que no sucederá sino cuando hayan transcurrido bastantes generaciones. Hasta que mujeres y hombres no retiren las proyecciones sobre las figuras de sus parejas, de los varones y las mujeres con las que se relacionen, ambos permanecerán en ese estado de infantilidad que les hace buscar a un padre protector y autoritario, del que depende la economía del hogar, o a una madre cuidadora y comprensiva, en la que recaen todas las tareas domésticas, verbigracia. Hasta que no realicen una incursión en el principio Femenino y se contemple la realidad del Eros, tanto en su versión positiva de Amor, compasión y ternura, cuanto en la nefasta del Odio, la destructividad y la violencia desmedida. Como dice el protagonista de la película Yo Serví al Rey de Inglaterra, “el hombre, incluso contra su voluntad, se humaniza más cuando empieza a hundirse, cuando descarrila, sin orden ni concierto.” Tal vez, la crisis económico-financiera que asola al mundo, sea el acicate necesario para que el ser humano se humanice más. Quien se ha enfrentado en su vida privada y profesional al efecto de las proyecciones sabe muy bien lo sofocante de semejantes lazos invisibles, así como los formidables esfuerzos que se han de realizar para tomar consciencia plena de la implicación personal en todo cuanto sucede en una relación de pareja, en particular, y en el transcurso de la propia vida, en general. Como ya he dicho, somos los principales responsables de cuanto nos acontece y, aquello que no resolvemos en nuestro interior, acaba transfiriéndose al mundo exterior, transformándose en fatum. De modo que, de nada sirve culpar al otro de nuestros problemas, de nuestras desgracias, puesto que somos nosotros mismos quienes las atraemos, seamos o no conscientes de ello. Desde luego, no representa un ideal valedero que hombres y mujeres vivan como infantes rapaces, de no domeñada voracidad, desconocedores de la sombra que ellos mismos proyectan. La política del avestruz no es, por supuesto, la más acertada de las estrategias, sobre todo cuando se trata de lidiar con semejante adversario. En este sentido, más vale un enemigo conocido que uno desconocido.

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